LAS CASAS DE GAIBIEL

Con este artículo pretendo dar una visión diferente de Gaibiel. Aquella que surge cuando recorres sus calles, por las que, casi sin darte cuenta, vas observando las casas e intentas imaginar su pasado, el porqué de su estructura, las reformas que más o menos acertadamente han sufrido y sobre todo como es la vida en ellas. Para empezar conviene ubicar geográficamente la villa de Gaibiel, porque es un elemento que va a influir en su morfología. Municipio de la comarca del Alto Palancia, situado a una altitud de 515 metros del nivel del mar, se asienta en la vertiente sureste del monte La Pedrera, con vistas a los montes del Castillo y de La Carrasca, de los que le separa la carretera y un barranco por donde antaño discurría un riachuelo más o menos caudaloso, con su flora y fauna autóctona y que hacía las delicias de todos. (Plano coloreado del pueblo) Sus calles principales, que originariamente debieron ser el camino de paso que atravesaba el pueblo de parte a parte, conforman lo que en el pueblo se conoce como "el ocho de la procesión", cuyo centro se sitúa en la Plaza Mayor. Estas calles se deslizan longitudinalmente a lo largo del la ladera del monte La Pedrera, siguiendo las curvas de nivel, y son atravesadas por callejones, que adoptan el nombre de la calle principal, perpendiculares a dichas curvas y, a veces, peligrosamente inclinados. Pero sin más preámbulos vamos al tema que nos ocupa y que consiste en descubrir y describir la existencia de casas que conservan elementos propios de las casas rurales características de esta zona, fijándonos, fundamentalmente, en sus fachadas. El mantenimiento de los tipos de casa rural, permite mantener la morfología urbana del pueblo, aunque en su construcción se utilicen materiales modernos. Empezaremos dando una definición general de la casa como modelo de edificio común a los pueblos valencianos de dependencia económica predominantemente agraria y que consta de 2 o 3 plantas. La inferior conserva la estructura exigida por la existencia de la cuadra, el cuarto de aperos y la escalera, y la planta superior era utilizada como vivienda, conservando en su estructura el carácter de su destino anterior de "cambra" para el almacenamiento del grano o de la simiente. En otros casos, existe una tercera planta específica para uso agrícola, cubierta y con grandes huecos en su fachada que permite una correcta ventilación que evite la humedad y la conservación de los productos agrícolas. Siguiendo la clasificación tradicional de las casas valencianas de pueblo, encontramos dos grandes grupos: a) las casas a una mano, cuyas estancias se sitúan a un lado de la puerta, y b) las casas a dos manos, que distribuyen sus estancias a ambos lados de la puerta de acceso. Y dentro de estos dos grandes grupos cabe distinguir varios modelos de casas que han evolucionado con el paso del tiempo, con el cambio de uso y con el poder adquisitivo de sus dueños. Exteriormente, estos modelos se distinguen por la cantidad, calidad y distribución de huecos (ventanas, balcones, etc.) en la fachada. El modelo básico se corresponde con la casa a una mano, en cuya planta baja se observa la puerta de acceso, la escalera de subida a la primera planta y un pequeño ventanuco que ventila la escalera. Este modelo corresponde a una parcelación más antigua del territorio, aunque no es la más habitual.(fotografía 1) En la primera planta encontramos una ventana o sencillo balcón y, en caso de existir un segundo piso, sólo se observa un hueco para su ventilación de variadas dimensiones. Sobre este hueco, transversalmente, se colocaba un cañizo y sobre él se dejaban secar las "higas" y otros productos agrícolas tradicionales. En el otro extremo se encontraría el modelo de casa más evolucionado, el de la casa a dos manos, con varios pisos, dedicados todos ellos a vivienda.(fotografía 2) Otro elemento a observar en las fachadas son los balcones. Los más sencillos son aquellos cuya base consiste en una losa de piedra, con poco vuelo, y barrotes de hierro lisos. Mientras que en las casas más evolucionadas los balcones presentan una ménsula que les permite un mayor vuelo y por tanto un mayor tamaño, así como también unos barrotes de hierro con más ornamento. También podemos clasificar las casas rurales atendiendo a los ornamentos de su fachada. Es evidente que sólo podían permitirse decorar las fachadas aquellas familias con mayor poder adquisitivo. En algunas casas se observa una moldura de yeso pintada de distinto color que la fachada, alrededor de las ventanas y balcones. Y en otras vemos, además, la existencia de impostas, que son molduras o ménsulas longitudinales que exteriorizan en la fachada la composición de la estructura, siguiendo las líneas del forjado (o "vueltas" como dicen en el pueblo) Otro indicio de una mayor riqueza en las casas son los huecos en planta baja cerrados con grandes rejas que indican la conversión en vivienda de la estancia dedicada originalmente a almacén de aperos, por lo que se deduce que todo el edificio se destina a vivienda y el almacén agrícola lo tenían en otro lugar. En cuanto al interior de las casas, podemos destacar varios elementos curiosos. Uno de ellos es la existencia en la cocina de un agujero en el suelo, tapado con una piedra hexagonal, por el que se vertía directamente al corral, la basura recogida al barrer la casa. Y otro curioso es la ausencia de puertas que separan las estancias de la casa, ello es debido a que el concepto de intimidad no va a aparecer hasta bien entrado el siglo XX, si bien la pieza principal en la que estaba la chimenea se cerraba con gruesas cortinas para evitar la pérdida de calor. Por último, y para cerrar este artículo sólo haré mención a un elemento externo de las casas, que podríamos denominar “mobiliario urbano”, y que desapareció con la llegada del asfalto, los bancos de piedra adosados a las fachadas, cuya función de proteger la casa para evitar inundaciones ha sido más que evidente tras su desaparición y en los que tantas horas hemos jugado, hablado y llorado todos.

Firmado: B. Yolanda Lidón Alvarez